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Fecunda Ratis de Egberto de Lieja

Hay consenso entre muchos autores que el inicio de Caperucita esta en el siglo XI, con Fecunda ratis, de Egberto de Lieja, y con una niña que ya lleva una prenda roja y se cruza con un lobo.

La historia es breve y bastante diferente de la que conocemos. Una niña de cinco años, que ha recibido una prenda roja de su padrino el día de su bautismo, se encuentra con un lobo mientras anda por el bosque. El animal la lleva hasta sus cachorros para que se la coman, pero sucede algo inesperado, los lobeznos no consiguen hacerle daño. Ella, preocupada por su prenda, les pide que no se la rompan.

No hay abuela, ni madre, ni cesta, ni camino que elegir. Tampoco aparece el lobo disfrazado ni esa conversación que tantas veces hemos repetido, «¡Qué ojos tan grandes tienes!». La niña simplemente se encuentra con el lobo y termina entre sus cachorros. Y, sin embargo, hay algo que nos resulta inmediatamente familiar: una niña, el bosque, los lobos y, sobre todo, esa prenda roja que ocupa un lugar central en el relato.

La salvación de la niña está vinculada justamente con la prenda roja que recibió en su bautismo. El texto medieval la presenta como una protección, algo muy diferente de las interpretaciones que siglos después se harán de la caperuza y de su color.

Sobre una niña salvada de los lobeznos.

Lo que relato, los campesinos pueden decirlo igual que yo

y no es tan maravilloso como cierto de creer.

Un hombre tomó a una niña de la pila sagrada,

y le dio una túnica tejida de lana roja;

la fiesta sagrada de Pentecostés fue el día de su bautizo.

La niña, ahora de cinco años, sale

al amanecer, sin rumbo e inocente del peligro.

Un lobo la atacó, fue a su madriguera en el bosque

llevándose como botín para sus cachorros, y la dejó para ser devorada.

Ellos se le acercaron, y no pudiendo ser capaces de herirla,

Comenzaron, libres de su ferocidad, a acariciar su cabeza.

“No rompan esta túnica, ratones”, dijo la niñita,

“que me la dio mi padrino al sacarme de la pila”.

Dios ablanda las almas feroces.

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